dijous, 21 de febrer del 2013

A media noche

Siempre digo que no me arrpiento de nada.
Con ello no quiere decir que sea perfecta y que no haya cometido ningún error a lo largo de mi vida. Eso es mentira. Claro que los he cometido (millones de millares de millones) y claro que he maldecido todo ser viviente cuando algo malo ha pasado. Pero siempre me digo que lo hecho, hecho está. El pasado son los días de atrás y lo que importa es forjar y disfrutar un presente para tener un futuro mejor. O al menos, lo más digno posible.
Aún así a pesar de que no me arrepiento de lo que ha pasado en mi vida, siempre guardamos secretament errores, palabras, gestos, vivencias y hechos que no se pueden olvidar por lo mal que te lo hicieron pasar o lo mal que lo hiciste pasar. O por lo poco lógico que parecía todo el sidral que montaste. Por eso se recuerdan: por que son cosas que pasaron, te avergüenzas de ellas y las mantienes presentes para que no vuelvan a ocurrir. Pues bien: ¿qué pasa cuando vuelven a ocurrir y te pones a llorar no sólo de lo ilógico que te está resultando todo además de darte la sensación de que el pasado está volviendo? ¿Qué está pasando?

Bueno, por suerte, hay algo diferente en el hoy que en el ayer y es estar escribiendo estas líneas cutres pero que me están ayudando en forma de terapia. A veces, escribir sobre las locuras de uno mismo te da tal sensación de cutrez y locura que sólo con leerlo te partes de risa.

Un día, hace ya muchos años, monté un sidral que aún me sonrojo con sólo de pensarlo. ¡Sólo de pensarlo! Mis pataletas pueden ser monumentales. Supongo que, como aquella vez, hoy estoy buscando desesperadamente que me hagan caso, que me mimen, que me quieran y que me sienta así.

Lo peor es que, como en la última vez, tenía pareja (es decir, ahora también la tengo, ha!). Y entonces nada de esto tiene sentido por que aunque tu novio sea un tipo tan cariñoso como dormir al lado de una roca de arena, quieras o no, te sientes querida. Más o menos. Es decir, el simple hecho de tener a alguien al lado con quién dormir ya es para sentirte mejor, ¿no?

Pues parece que a mí, con eso, no me basta. Mujeres. Pues sí. Y os voy a decir más: Yo. Porque ni yo misma me entiendo a veces. ¿Por qué me tengo que enfadar por que no pueda quedar con mi novio un viernes cuando pensaba que sí que podría quedar?

Pues porqué me he pasado toda la semana pensando cuando lo podría ver y cuando podría "sacrificar" horas de trabajo para estar con él y él, simplemente, me ha dicho que no puede quedar. Ya lo tengo: es eso lo que me da rabia. El hecho de que me haya preocupado de buscar tiempo libre de donde sea para poder verlo y que a él le de igual. Me da rabia que yo quiera verlo mucho y él quiera verme menos. Y esa estupidez hace que mi locura me diga "¿lo ves? Todo el miedo que has ido acumulando esta semana es de verdad: ya no te quiere, ya no le gustas, se ha cansado de ti". Y aunque puede que sea una gilipollez (o no), me creo esa voz y me da rabia por que empiezo a tener miedo. Miedo a que se vaya de mi lado. Miedo a que se haya cansado de mí. Por que eso es lo que recuerdo del pasado. Eso es lo que vuelve a mi cabeza a media noche.

Recuerdo una persona a la que quise mucho. Y recuerdo la misma experiencia que ahora. Y recuerdo volverme insegura. Y recuerdo discusiones. Y recuerdo a otras. Y me da miedo que se repita la misma historia porque ya la conozco, sé que sentía lo que ahora siento pero no puedo evitar sentirme amenazada.

Y releyéndolo todo es tan súmamente triste y cutre sentirse así. He tenido una pataleta de niña malcriada porque no me están mimando como yo quiero. Esta parte entiendo como puedo superarla porque no, no soy una niña malcriada. Si lo fuese, no estaría escribiendo: estaría chillando, lloriqueando y consiguiendo lo que quiero. Y no, no está pasando (por mala suerte ;) ). Lo que no sé como hacer es mitigar mis deseos de venganza jijijijiji.

En fin, sobreviviré.

Peores cosas se han visto. ¿Qué pasa si me deja?
Que le zurzan, él se lo pierde.

Además, esta vez, tengo un plan B ;)

¡Buenas noches!

P.D: Lo he releído. No me he partido de risa. Más bien me he dado pena.


diumenge, 9 de desembre del 2012

Desvaríos

He releído mi última entrada.
Me encantan mis cambios de humor.
De verdad.

Bien, una vez dicho esto me gustaría explicar algo que me corroe la cabeza desde hace cierto tiempo. Algo que en cuanto empiezo a pensar en ello, parece que mi cerebro se suba al Dragon Khan y viaje una y otra vez por toda la montaña rusa. Sin parada. Pero es que incluso ni parada técnica (es decir, para ir al baño). Mi cerebro se sube a la atracción y empieza a dar vueltas, a subir, a bajar, a dar más vueltas y así me puedo pasar una hora hasta que un ligero golpecito de mano no derrumba la atracción entera. Por que no hay otra forma de pararlo. Y eso, que ni me gustan las atracciones. Sí, me dan miedo. ¿Todo el mundo tiene derecho a tener miedo a algo, no? Pues eso.

Yo trabajo. Yo trabajo en un trabajo que no me gusta demasiado. Y mi idea es trabajar en un lugar que me guste o donde haga lo que quiero hacer (o lo que de momento creo que quiero hacer). Entonces se me ocurren varias opciones:
1. Mandarlo todo a paseo, autodespedirme e irme en algún lugar del mundo a probar suerte como corresponsal. Esta es una buena idea, no me desagrada en absoluto. Lo que me desagrada son los cientos de miles de miles de decenas de periodistas al paro que hay en España, con un currículo profesional y con años de experiencia. Entonces la pregunta es: ¿y pretendo que me compren a mí? ¿Que soy así como un poco niñata?
2. Buscar otro trabajo. Esto es lo ideal. Lástima que estemos viviendo una crisis económica más que importante con miles de parados cada mes y con nuevos miles de trabajos. Los nuevos que se destruyen. Todo gracias a un perfecto e incompetente gobierno (para guardar las composturas, ante todo educación) que no sabe hacer nada más que cagarla día tras día.

Por lo tanto, las dos opciones anteriores se antojan un poco complicadas: la primera por que como yo, hay millares de periodistas. La segunda es, simplemente, por que no hay trabajo.

Y además, dejar el trabajo tampoco es que sea facílisimo (cómo diría el anuncio aquél de los tejidos para hacer punto de cruz).
1. Si, vivo con mis padres (sí, no tengo más remedio, aquí las verdades se dicen como puños) pero a diferencia de mis amigas (Dios las bendiga) mis padres no me pagan nada. No tengo muchos gastos, pero los tengo (el coche se lleva gran parte de la culpa, así como el móbil, y otras cuotas varias). Por lo tanto, si dejo de trabajar, dejo de ingresar ergo no puedo pagar ergo a las empresas les da absolutamente igual por que les interesa un comino mi vida y sólo quieren cobrar el servicio que yo contraté.
2. Sí, me echado noviete (y eso que creía que nunca más me volvería a enamorar). ¿Qué os decía de lo de estar equivocados? Y claro, no le puedo decir: "bueno cariño, aquí te quedas. Me compro un billete que me voy al otro lado del planeta. ¿Qué cuando volveré? Ah, no lo sé. ¡Ya veremos!". A ver, decírselo, se lo puedo decir, que no vivimos en una dictadura donde la libertad de expresión está penada. Pero me sabe un poco mal. El chico me gusta y sé que si le digo esto me va a odiar y yo no quiero que me odie. 

Entonces, mi gran cuestión. ¿Qué coño hago?
1. ¿Sigo buscando trabajo aquí cuando no hay? Bueno, no he mirado en las alcantarillas, quizá ahí abajo hay algo un poco más decente de lo que hay aquí arriba.
2. ¿Me voy a hacer fortuna? ¿Y si luego sale mal y nadie quiere mis servicios periodísticos? ¿Y si mi chico me acaba odiando? ¿Y si no vendo nada, no ingreso nada y no puedo pagar nada? ¿Y si, para entonces decido volver a España y el país está aún más hundido?
3. ¿Y si renuncio a mis sueños?
4. ¿Me hago desgraciada y desquiciada y amargada para toda la vida?
5. ¿Y si me espero, ahorro y luego puedo cursar otros estudios que me abran más las puertas?
6. ¿Y si lo último que acabo de escribir es una chorrada como una catedral por que con esta idea empecé yo un máster que no me ha abierto nada más que un gran agujero en mis ahorros y no he encontrado trabajo ni cómo becaria con un sueldo inexistente?

Seguramente desde fuera se ve todo clarito claro (¿cómo que soy una desagradecida refunfuñando de mi trabajo en la situación en la que estamos? Sí. Pero para eso quiero yo dejar mi puesto para alguien que se lo merezca y lo disfrute más que yo). Pero hemos de añadir la variable del miedo.
Del miedo a depositar esperanzas en algo que no acabe fructuando.
Del miedo a confiar en tu pareja pero que la relación se destruya por la distancia.
Del miedo de invertirlo todo a arriesgarte y luego hundirte sin más cómo el Titanic.
Del miedo a tomar un camino cuando tendría que haber tomado otro.

A todas esas cuestiones les daremos respuesta algún día. Por que como soy una caguetis y estoy enganchada a mi agenda de color amarillo, he puesto fecha a mis miedos. Se acabó. Nos tenemos que decidir algún día. Hay que arriesgar.

Pero por favor, si alguien tiene una bola mágica como la de la Bruja Baba en Bola de Dragón y le sale la respuesta a mi noria cabezil, por favor, llámeme.

dijous, 19 d’abril del 2012

Pozos

¿Qué hacer cuando una está de muy mala leche durante varios días y no sabe el por qué?

¿Saben? Que se vaya el mundo a tomar por saco (versión finolis).

Y qué a gustito nos quedamos.

dijous, 8 de març del 2012

Sellos

Ya no me acordaba de su sensación: calurosa, húmeda, suave, esponjosa. Quizá las cosas se sienten diferente a la luz de la luna y a temperaturas frías y distantes. Aunque fugaz, malintencionado y sin signficado, fue bonito. Ya no recordaba a qué olían los besos.

No fue días más tarde cuando me paré a pensar en eso. No había nada detrás de aquella meta disfrazada de ternura, nada más allá de ser simplemente un acto reflejo y movido por causas ambientales. No había sentimiento alguno, no había nada, sólo el vacío llenaba las espaldas de aquellos labios. Pero aún así pensé en él porque era el primero depsués de mucho tiempo. Y cuál muchacha aterrida, me sorprendí pensando: ¿lo estaré haciendo bien? ¿Era así o tengo que mover algo para algún lado? Volví a la inocencia de la juventud, de ese primer momento en qué no sabes qué hacer a cada paso que das. Qué triste y qué curioso a la vez.

Y es que puede sonar extraño pero me parece curioso. Hacía tanto tiempo que nadie me besaba que al cabo de unos días me sorprendía divagando por los rincones de mi mente, preguntándome porqué tanto alboroto por un besito cuando ya había dado algunos. Pero es que no recordaba la sensación de los besos. De esos momentos en que te fundes con la otra persona, labio con labio y aliento contra mejilla. De esos instantes en que el mundo parece detenerse, en el que todo parece silenciarse, en el que todo parece perfecto. Y me soprendí pensando que dar besos es bonito. Pero si hay algo detrás. De verdad, seré anticuada, sosa y todo lo que queráis pero besar por besar... es un poco cutre. Cutre en el sentido de que conviertes algo hermoso en algo reflejo basado en el más básico instinto del deseo momentáneo. Y hay que tener en cuenta que las mañanas siempre vuelven y sí, las cosas se ven diferentes a la luz del día.

A todo esto mi pregunta es: ¿puede hacerse una inmune al amor? ¿Puede una dejar de sentir nada por nadie o de que nadie sea capaz de despertar en ella más que un vago deseo?¿Me habré vuelto definitivamente loca y solitaria?

Pensar que nunca vas a ser capaz de volver a sentir nada por nadie asusta un poco. Los sentimientos son traicioneros, te hacen llorar, te hacen enfadar y otras tantas cosas más pero tienen otras muchas cosas bellas que te hacen disfrutar. La vida humana actual está llena de caminos y atajos, desviaciones que te obligan a encontrarte y conocer muchas personas a lo largo de todos los años por los que nos arrastramos en este mundo. En parte por ello es imposible no sentir nada por nadie a lo largo de todo este laberinto. Hay muchísima variedad de personas que nos despiertan cosas dentro del estómago: algunas náuseas (a veces literalmente) y otras mariposas. ¿Se puede haber dejado volar todas las mariposas que puedes llegar a sentir?

Los días pasan, los tiempos cambian y cada vez más, la soltería es un derecho y una opción de vida cada vez más respetada que tiene sus ventajas y desafíos. Pero es dura. Almenos eso es lo que me dijo un buen compañero. No estoy diciendo que salga cada día de casa en plan cazadora y con un anillo en la chaqueta para esposar al primero que encuentre. Antes prefiero ser vieja, solitaria y loca que confinarme a años de tortura con un desconocido. Simplemente me pregunto si alguien puede ser capaz de no volver a sentir lo que vibra en su corazón cuando quieres a alguien. ¿Puede eso suceder? Hay un poco de intranquilidad en pensar que eso puede llegar a pasarle a alguien. Sólo querría pensar que eso es uno de esos imposibles que por más que cante Maldita Nerea NO pueden pasar nunca jamás. Yo quiero creer en eso. Yo quiero creer que algún día volveré a ser un poco más humana y a sentir emociones por alguien. ¿O quizá nos obcecamos tanto por las cosas que no vemos que ya las tenemos a nuestro lado? ¿Será que mi Príncipe Azul duerme cada noche conmigo porque en realidad es ese pingüino que tengo al lado al que yo sólo veo como algo decorativo y me estoy preguntando si el amor existe para toda la vida cuando lo único que tengo que hacer es darle un pez para que se convierta en mi hombre perfecto?

Por el resto, creo que tengo que ir admitiendo que la gente de mi alrededor tiene razón. Cada vez estoy más loca.

Apunte: otra cosa que realmente NO existe: los príncipes azules. No existe ningún príncipe que quiera casarse con una plebeya. Además, ¿dónde pondrían sus caballos blancos? ¿En un piso de diez metros cuadrados? Si es que hay que ser borricos para creer en esa memez.

dijous, 5 de gener del 2012

Billetes

A la espera de un nuevo viaje, siempre te asaltan las dudas: ¿Lo llevo todo? ¿Cojo esa camiseta por si acaso? ¿Tengo el cepillo de dientes? ¿He cogido los billetes? Estas dudas siempre se resuelven con solución, con afirmaciones, pero no todas las podemos contestar antes de empezar la cruzada. ¿Me lo pasaré bien? ¿Hará buen tiempo? ¿Nos entenderán y nos entenderemos?

Este tipo de cuestiones siempre quedan al aire y sólo pueden ser respondidas una vez estás en el lugar. Lo mismo ocurre con el viaje que ya emprendimos años atrás, por allá cuando estábamos en el dulce, caliente y seguro vientre.

El viaje de nuestra vida es un constante ir y devenir de sucesos, de cuestiones, decisiones y errores que no podemos acontecer antes de tiempo. Nos toca aventurarnos día tras día al azar que se nos depara con cada nueva salida del sol. Sólo mirando atrás podemos saber si lo que pensábamos, lo que hicimos, lo que callamos estuvo bien. O mal.

Poco ha que se terminó otro año. Con él, quedan atrás vivos recuerdos que siempre se guardarán con nostalgia. Como cuando uno se mira en el espejo y ve aquella pequeña marca o sale de la ducha y al ver ese moratón recuerda la anécdota de aquél día. Atrás quedan muchas cosas, quizá una de ellas, quizá la más importante, el final de una gran etapa.

Atrás quedan los días de locas borracheras a base de Guinness, de sonetos a base de acordeones, de resbaladizos pasos por la nieve y de risas con extranjeros. Junto a ellos, atrás queda un trabajo con compañeros que siempre se quedarán conmigo y la superación definitiva del pasado. Y el adiós a un amor. Atrás queda un cambio interior que arreló lo suficiente para que se mantenga vivo.
Por otro lado, queda atrás un gran viaje al corazón del viejo imperio iugoslavo, furgonetas viejas llenas de desconocidos que terminaron ser grandes amigos. Atrás quedan personas singulares y auténticas. Sólo se puede definir así. Y empiezan los nuevos trabajos y los nuevos proyectos con ese fin que, marcado por doce uvas, nos avisa de la siguiente parada, sin tiempo a descansar.

Con todo esto, queda un ramo de sentimientos fervorosos y sinceros. Porque he sufrido, he llorado, me he sentido sola y me he equivocado. Pero, ¿sabéis? No volvería atrás. Lo vivido fue hermoso en su figura desnuda, lo errado fue maravilloso. Me alegro de haber reído y me alegro de haber llorado porque eso significa que lo he sentido. Que lo he vivido.

Los errores se solucionan ahora con los días venideros para que se auguren mejores. Porque lo van a ser. Nuestra vida solo es un viaje con solo billete de ida. Entonces, ¿porqué vivir en el pasado? Aún queda mucho trayecto por recorrer, muchas calles por perderse, muchos desconocidos por conocer, muchas conversaciones por reir y muchas pérdidas que llorar. ¿Porqué anhelar, pues, el ayer? Nunca fueron tiempos mejores, lo bello aún está por llegar, está esperando a que lo descubramos. ¿Qué pasará mañana? ¡Y que más da! Mientras uno tenga claro lo esencial es suficiente para sacar los deseos de seguir andando. ¿Aún no has conseguido lo que querías? Tranquilo, tienes mucho por recorrer antes de llegar a la meta. Lo importante es no perderla nunca de vista. El resto, bienvenido sea a mi mundo. Me encantan las sorpresas. Ahora sí.

A la espera de un nuevo viaje, siempre te asaltan las dudas: ¿Lo llevo todo? Sí. ¿Cojo esa camiseta por si acaso? No me cabe en la maleta. ¿Tengo el cepillo de dientes? Diría que sí. ¿He cogido los billetes? ¡Por supuesto! ¿Me lo pasaré bien? Seguro. ¿Hará buen tiempo? Parece que no mucho. ¿Nos entenderán y nos entenderemos? Haremos lo posible.

Que bueno es empezar el año con una escapadita en avión.

Feliz 2012.

dijous, 13 d’octubre del 2011

Canciones

Hoy se ha pasado el día escuchando música.
Y quizá ha sido una de las primeras veces en que las ha escuchado y no oído. Según qué canciones serán muy ñoñas pero a ver, vamos a ser todos sinceros: ¿quién no se ha identificado con la típica canción cutre de amor? ¡Mentirosos! ¡Todos vosotros y lo sabéis!
Pero hoy no tocaban canciones ñoñas. Ha escuchado música de esta que suena todo el día sin parar en la radio y otra que ya no se escucha pero que ella no puede nunca parar de cantar. Tres canciones han narrado los tres diferentes estados de ánimo de la chica. Canciones que hablaban de sentimientos, de hartazgo y de perdón (que, por cierto, esta última también la han escuchado sus compañeros de trabajo. Llevaba los cascos puestos y canta fatal, de verdad os lo juro por lo que más queráis, pero qué le vamos a hacer. No puede dejar de cantar ni debajo el agua). Canciones comerciales, canciones hechas para vender en su momento, sí, pero al fin y al cabo, canciones que cuentan historias y que te empequeñecen o te agigantan. En nuestro caso, la han empequeñecido.
No ha sido hasta horas más tarde que se ha vuelto como el Gegant del Pi.

A ritmo de canciones comerciales, no ha dejado de bailar en dos horas. Se ha quitado del cuerpo toda la porquería que llevaba dentro en forma de sudor, con la cara roja del esfuerzo (la tenemos resfriada y no respira bien) y la camiseta y los pantalones empapadas. Ha dejado su alma al compás del frenesí, cumpliendo órdenes de una mini-cadena. Y al terminar, un comentario la ha hecho reaccionar.

Sí, hay sentimientos como rezaba la primera canción, pero también mucho cansancio, mucho hartazgo, como cantaba la segunda. Y asunción de culpa, su aceptación y su consecuente perdón porque ha aprendido y esta valiosa lección le vale su propia compasión. La tercera y última cantante así decía y así lo ha hecho saber a sus compañeros de trabajo. Y al final del día, el revivir, el volverse a mover, el avanzar y un estúpido comentario que ilustra lo realizada que te sientes cuando sigues andando.

Porque ha tropezado, no con una piedra, sinó con una montaña. Pero lo bonito de darse cuenta del error, de asumir que se ha hecho mal y que ha aprendido de todo ello, es maravilloso al fin y al cabo.

¿bailamos?

dijous, 6 d’octubre del 2011

De la vida, del amor

Todos nos hemos enamorado alguna vez: de nosotros mismos, de un compañero, de un amigo, de una desconocida o desconocido, de alguien a quién nunca vamos a poder besar, ... todos sabemos qué se siente, lo tontos y absurdos que nos volvemos y las excusas que nos inventamos para convencernos de que, esa persona, es la indicada. Y empezamos relaciones de cualquier tipo: de amistad, de amantes, de pareja formal, de casados o las típicas de “ni contigo ni sin ti”.

Una amiga de mi amiga se quedó soltera hace poco. Dos años de compartir muchos momentos de todo tipo se le fueron al garete en un par de minutos, quizá tres. La noticia sobresaltó a mi amiga, ella los veía ya casados y comiendo perdices. Y resultó que en su cuento de hadas también había una bruja que al fin pudo con ellos.

Las reflexiones que vienen luego son siempre las más interesantes: sacan a relucir lo que realmente siente o piensa uno en este tipo de situaciones y aunque el consuelo a la amiga perdida es el objetivo, en realidad se habla de uno mismo.

En este tipo de filosofías románticas, una tiende a pensar en las cosas de la vida en general. Que si esto no es peor que lo otro, que al menos tienes salud y trabajo, que si no te merecía, que si tu vales mucho, que si eres joven y hay muchos peces en el mar... la vida. Así, en general. Después del consuelo comunitario –porque estas cosas siempre se hacen en compañía- mi amiga se fue pensando en todas esas cosas que atañen a la vida y en cómo se debían encajar los golpes –algunos duros y otros menos- que te vas encontrando por el camino. Ella lo decidió rápido: con optimismo.

De hecho, desde hace mucho tiempo que lo hace. Cualquier decepción, frustración o espera desastrosa le da media vuelta y ya no es tan horrorosa como creía. Al final, lo termina viendo como una oportunidad. Como lo que le está “pasando” y lo pongo entre comillas porque en realidad, es una ningunez –me acabo de inventar una palabra, lo sé. Al final llamaré a los de la RAE, no sabéis lo que me puede llegar a venir a la cabeza-.

Es la primera vez que tiene un “amigo con derecho a roce”. Nunca antes lo había tenido. O estaba con los típicos de sólo una noche (que fueron sólo dos en su vida) o estaba metida en una relación. Así que, vivir este término tan de moda es una experiencia nueva para ella que la volvía loca hasta el día del comité. Allí decidió que eso no era nada, que se mantendría fuerte, distante y fría y que a la vez disfrutaría estando con él esos momentos. Pero que cuando estos llegasen a su fin, él desaparecería de la faz de la tierra. De hecho, nunca habría existido para ella. Y lo consiguió más o menos hasta una noche en que se estampó de narices contra la pared. Todos nos hemos enamorado alguna vez: todos sabemos lo absurdos, tontos y bellacos que nos volvemos, mintiéndonos cada dos por tres para no ver lo que sucede en realidad. Mi amiga no está enamorada, hace ya mucho tiempo que se lo prohibió a sí misma –cosa que de momento está consiguiendo (ya os lo dije, es muy testaruda)-, pero sí siente algunas, pocas, diminutas y apenas perceptibles mariposas cuando está con él.

Hoy se ha estampado contra la pared y se ha dado contra sus propias mentiras, su propia farsa y su propio teatro. ¡Qué frialdad, qué distancia y qué narices! Nada de esto ha conseguido! Y lo peor es que no puede decir nada porque sino incumpliría con el contrato.

¡Qué mierda de relación, oíd! A mi nunca me ha pasado pero viéndola a ella, os aseguro que no firmo ni aunque el que quiera ser mi “amigo” sea el único ser vivo en todo el universo. A mi amiga le gusta mucho, de hecho está encantadísima con él, le gustaría verlo un poco más a menudo, se lo pasa de muerte con él, se entienden y creo que se comprenden. Se compenetran bien, los he visto y se les ve bien, se la ve bien. Y no lo puede tener. ¡Tócate los cojones! Diría ella.

Ya lo sabía que le podía pasar pero esas mentiras inconscientes, esos sueños vaporosos mantenían, en lo profundo de su ser, una microscópica esperanza, sin ser ella consciente de que, quizá, algún día, esto cambiaría. Para bien o para mal, claro. No es que le haya ido mal, ni que él la haya dejado, ni ha pasado nada por el estilo –a ver si os estáis imaginando que la tengo llorando al otro lado del teléfono-. No, simplemente se ha dado cuenta de que esto nunca va a cambiar. Que ella no es nada para él y que los sueños vaporosos se van con un poco de aire al pasar. Simplemente, se ha dado cuenta de que no ha sido suficientemente fuerte, de que se ha traicionado a sí misma, de que se ha mentido en la puñetera cara: sí siente algo por él, ¡qué rabia!.

¿Solución? Su solución ya es desde hace mucho la que os he contado: vivir en un mundo muy lejos de él y solo formar parte del suyo cuando está con él, valga la redundancia. Pero al ver que no, “no te engañes, no eres nada para él”, ha cambiado de decisión. Dice que cree que este fin de semana quizá será el último que se vean. Y que se llamen. Y que trabajen juntos. Así que su plan es disfrutar de este fin de semana el máximo posible, llorar cuando empiece la semana cinco minutos y luego seguir con su vida. Porque cosas peores se han visto y como dice ella: nacemos y morimos solos. No permitirá que nadie la haga infeliz. Se acabó, salió muy quemada de su relación y eso sí que lo tiene claro. Jamás, ya nunca nadie va a poder con ella. Es él quién la va a perder. No ella a él.

Por muy mentira que sea al principio, va ser una verdad gigantesca al cabo de poco.

Y vendrán las charlas típicas conmigo al teléfono pero es que es lo que toca: dedicarse a la profesión, al trabajo y a perseguir los sueños. Pero sobretodo ser feliz. Y ser feliz consigo misma sin la ayuda de nadie. Porque os lo aseguro, no necesita a nadie. Y menos a él.

¡Qué vivan los combates a la vida! Hay que enfrentarse a las decepciones con una buena espada, mirarlas de frente y atravesarles el corazón: hay que vivir, que el tiempo se agota.

dilluns, 25 d’abril del 2011

Maletas

Empaquetar todas tus cosas: la ropa, los zapatos, los jabones, el maquillaje, el cojín, los recuerdos y tú misma.

Cerrarlo todo con cremallera y partir hacia algún lugar con un pie en otro país y el otro en el tuyo. Porque dejas parte de ti en este último, parte de tu vida, parte de tu pasado y parte de tu presente. Te vas con ánimos de aguantarlo todo, de dar guerra, de empezarte a conocer a ti misma, de vivir. De aprender a estar sola y a hacerlo todo sola. Aunque no sea del todo cierto. Porque dejas parte de ti en otro lugar, porque te apoyas en alguien, porque, aun pese a la distancia y a saber que hay fecha de caducidad, crees en ello. Te vas porque crees que es la decisión acertada, porque te va a abrir puertas, porque vas a crecer. Porque vas a volver con medio mundo engullido y solo vas a necesitar un segundo para tragarte la otra mitad. Y cuando crees que no lo has hecho del todo mal, vuelve toda la incertidumbre. Vuelve el vacío. Vuelven los interrogantes y las horas perdidas en tus pensamientos. Has encontrado el punto donde mil flechas te indican caminos diferentes. Solo hay una que no tiene ni principio ni fin. Esa que se te ha cerrado. Que te han cerrado. Porque creías que habías aprendido, que te habías hecho de hierro, porque confiabas que con optimismo todo sale. Todo surge. Todo fluye. Pero nada de eso pasa.

La nube de rosa se vuelve más rosa. Fluorescente, de color chicle. Pero sigues sin entender nada. Admitámoslo, no sé improvisar. No va conmigo. No hay capacidad de reacción. Solo ganas de tumbarte en la cama sin hacer ni decir nada. La misma pregunta, una y otra vez. ¿Porqué? El porqué de todo. Creías haber encontrado un poco de sentido a tus días venideros, una razón en la que atenerse mientras el resto se tambaleaba. Importaba, pero poco. Tenías un apoyo para cuando el mareo aparecía. ¿Y ahora donde está? Se fue. Volviste a lo de siempre.

Y vuelta a empezar.

Empaquetar todas tus cosas: la ropa, los zapatos, los jabones, el maquillaje, el cojín, los recuerdos y tú misma. Para irte no sabes dónde, a hacer no sabes muy bien el qué y no sabes ni con quién.

dijous, 3 de març del 2011

Olvidos

Suerte que no es la única que a veces no le funciona muy bien el cerebro.

Se ve que estaba trabajando en su habitación cuando la madre la llamó la tarde de un sábado.
"¿Te puedes creer lo que me ha pasado?", le dijo Mary.

Mary llevó ese día por la tarde a una de las niñas a teatro y al resto de los hijos al trabajo del padre para que viesen una película en uno de los despachos. De camino a casa, paró en una gasolinera porque la luz del coche le daba señales de que faltaba petróleo en el depósito. Puso la manguera en el agujero para la gasolina pero el fuel salía muy lentamente. "Qué raro.." pensó Mary. Esperó un poco, pero salía saliendo poquito a poco así que decidió preguntar. Entró en la tienda y comentó lo que ocurría y el trabajador, pensando que era un problema de la manguera, salió a comprobarlo. Sí, iba lento. Cambiaron el coche de surtidor. Sucedía lo mismo. El trabajador, que no sabía qué demonios le podía pasar al coche y a la manguera, llamó a su compañero. Este lo comprobó. La gasolina seguía sin salir. "Es muy raro", le dijeron a Mary. "Nunca en nuestra vida habíamos visto nada igual. No sabemos que puede pasar, es la primera vez que ocurre", añadieron. Mary seguía preocupada. ¿Qué le pasaba al maldito coche y a la maldita manguera? ¿Porqué no podía llenar el depósito? Con ella estuvieron los trabajadores un cuarto de hora pensando posibles soluciones al posible problema. Nadie sabía qué hacer.

Al final, Mary consiguió llenar 13 euros a duras penas de petróleo, lo suficiente para poder llegar a casa y llamar al mecánico. Dio las gracias a los hombres que seguían preguntándose qué debía pasar. Enfilando con el coche hacia su hogar, vio que la flecha del marcador de delante del volante subía disparada, indicando que el depósito estaba a rebentar.

"¿Qué?", pensó Mary. Y pensó cinco minutos más. "¡Oh, mierda!".

Había olvidado que su marido había llenado todo el depósito esa misma mañana.

dimecres, 2 de març del 2011

Llamadas nocturnas

Las fiestas en Dublín acaban como acaban o quizá empiezan como empiezan.

Era un viernes cualquiera pero la cosa se les fue de las manos. O no. Mi amiga se reunió en el piso de Mathilde y Helena con Ana y Eleonora. Esa noche fue cuando conocieron a los vecinos de la puerta de delante y cuando bebieron más de la cuenta: vino, rom, whisky y cerveza. Un cóctel explosivo que provocó que todas andasen más contentas de lo habitual. De hecho, mi amiga me contó que esa noche se fue con el último bus de las once y media porque no se podía creer lo borracha que iba. Me contó a los días que recordaba pocas cosas, entre ellas, que hubo un momento en que entraron en una tienda tipo McDonald's para comer y que luego entró en Temple Bar. No se acordaba que antes, ya lo habían probado pero que los de seguridad del bar no las habían dejado entrar por no andar correctamente.

"¡Qué vergüenza cuando me lo recordó Helena! ¿Qué debió pensar Michael?", me dijo. Pero al fin y al cabo, lo que pudiera pensar un conocido de Temple Bar era lo menos de qué preocuparse.

"Eleonora me lo recordó al cabo de dos días. No sé como se me pudo olvidar... Resulta que Eleonora consiguió los números de teléfono del músico que le gusta y se le ocurrió, en el piso de las chicas, llamarle. Y a mí, que no se me puede retar cuando tengo alcohol en la sangre, cogí su teléfono, lo llamé y nos salió una chica. Charlé un rato con ella pero no sé exactamente qué le dije y tampoco sabemos quién era. Pero la lié bastante, di el nombre y apellido de Eleonora y mi número de teléfono. Supusimos que era la mánager del grupo porque el chico le dio a Eleonora la targeta del grupo. ...".

Ojalá. A la semana siguiente, el músico estaba en Temple Bar tomando unas cervezas con sus amigos después de la actuación. Mi amiga estaba dentro bailando cuando apareció Eleonora y le dijo que estando fuera, se le había acercado una chica y que la había empezado a chillar. La chica con la que habían hablado no era ni por asomo la mánager, ¡era la novia del cantante!

"Flipé en colores. Y la pobre Eleonora se comió todo el marrón.. me supo muy mal. Al día siguiente, Eleonora me contó como había ido todo. Se ve que estaba hablando con un chico cuando se le acercó el músico y le preguntó si le había llamado. Eleonora dijo que lo había llamado yo pero que había sido un error, que lo sentía mucho. Cuando el músico se fue, el chico con el que estaba hablando le preguntó: ¿le llamaste tú? ¡Era amigo del cantante! Eleonora a cuadros y al cabo de poco fue cuando apareció la novia y empezó a chillarla toda cabreada... normal... En fin, que le dije a Eleonora que ya le mandaría un correo disculpándome por la llamada y atribuyéndome toda la culpa del crimen. Pese a eso, no entendíamos que hacía la novia con el móbil del músico...".

Mi amiga no esperaba respuesta al correo pero la recibió. El músico le dijo que estuvieran tranquilas, que no pasaba nada y que él también provocaba problemas a veces cuando bebía más de la cuenta. Y que, en el fondo, la historia era muy graciosa.

"Y luego ponía que "claro, Sofie" -la novia del músico- "se estrañó un montón de que unas chicas a las que apenas se las entendía llamaran a mi casa". Luego entendimos porqué nos había contestado la novia y del enorme problema que causé".

dimarts, 1 de març del 2011

Secretos azules

Todo el mundo tiene juguetes. Los bebés tienen sonajeros y a medida que van creciendo, los cambian por muñecos, robots, coches, barbies, juegos de mesas, teléfonos móbiles, wii's, Play Stations, juegos de ordenadores, ... hasta que se hacen mayores y abandonan gran parte de ellos -exceptuando aquellos que son especiales- o bien los cambian por otros. Este cambio se produce especialmente entre los adultos y, sobretodo, cuando empiezan las relaciones de pareja a cierta edad. Los niños y las niñas -que ya no lo son tanto -, puede que adquieran este nuevo tipo de juguetes: los sexuales. Y aún más hoy en día, tan de moda ultimamente.

Mi amiga tiene uno de ellos. Dos, de hecho. Uno se lo compró en un tupper sex por hacer la gracia. Aunque al final, quién hizo la gracia con el vibrador fue su madre que lo mostró toda orgullosa a sus amigas un día por la mañana entre semana en el bar donde hacen el café. El otro, se lo regaló el novio antes de irse a Irlanda y, por sus recomendaciones; chicas: hay que comprárselo. El problema es que es un poquito grande y... azul.

Bien. La niña se lo llevó a su nueva casa de Dublín guardándolo bien escondidito y fuera del alcance de los niños y niñas -de esos que aún juegan con muñecas y Lego-. Me contó que un día de estos, puso las sábanas a lavar aprovechando el buen día que hacía. Se secaron todas a lo largo de las horas a excepción de una pequeña manta que la madre la pone entre el colchón y la colcha por temas de sudor y demás, para que no se estropee el primero. Pese a ello y muy a pesar de la mujer, mi amiga puso las sábanas y la colcha esa noche para poder dormir y dejó esa manta encima de una silla de la habitación para que se terminara de secar y ponerla la noche siguiente.

Pero no hizo falta. A la noche siguiente, la cama estaba hecha. "Yo no la había dejado así", me dijo. Y buscó la manta por si acaso. Efectivamente, la madre había entrado en la habitación y había puesto la manta y hecho de nuevo la cama. "Bueno, pensé. No me gustó mucho la idea porque es mi habitación y esa noche la iba a poner, pero bueno, se lo agradecía de todas formas".

Lástima que al acercarse para coger el pijama y ponérselo, vio en el suelo, al lado de la cama recién hecha, su juguete medio dentro medio fuera de una bolsa de plástico. "Se me cayó el mundo al suelo. A ver, imagínatelo: la cosa es azul, no precisamente pequeña, la bolsa de plástico transparentaba el color y encima se podía leer perfectamente las letras de Love Yourself que tiene en el mango porque este estaba fuera. Estuve a nada de hacerme la maleta y huir de la casa para no ver a los padres por la mañana. ¡¿Porqué soy tan despistada!? Dime, ¿¡Porqué!?".

Y la mañana llegó. Me contó que estaba muy tensa, muy avergonzada y en parte enfadada pero nadie dijo nada. La madre se disculpó por haber entrado en la habitación pero que no podía soportar la idea de que no se pusiera la manta debajo de la colcha. Mi amiga al final le dio las gracias y le dijo que no pasaba nada y cambió rápidamente de tema de conversación.

"Aún no ha mencionado nada".

"Quizá no lo vio", la animo.

"¿Cómo no lo va a ver? ¡Por Dios! ¡Es grande y azul!".

diumenge, 6 de febrer del 2011

Comienzos

Pequeña, pero lo hizo. Volvió a meter la pata.

Ayer empezó a trabajar en un restaurante de delante de su casa. Su única función: recoger mesas y servir y quitar vasos. Nada más simple que eso.

Pero a diferencia de servir mesas en un restaurante español, hacerlo en uno irlandés acarrea ciertos desastres provocados por un oído nada acostumbrado al acento del país. Dos veces llevó la carta de los menús a la mesa donde le habían pedido la factura y sirvió a una niña cree que licor de naranja en vez de fanta de naranja. Y un señor, muy grande todo él, con una barriga aún más grande, se levantó para quejarse de que una chica había servido a su padre el café erróneo (o quizá el whisky). Sí, la chica era ella.

Para terminar, cuando salía de la cocina después de dejar unos platos, tropezó con otro camarero que entraba, haciendo que se le cayera la taza y le enganchase la mano con la puerta.

"Bueno" -le dije-, "no has pasado desapercibida en tu primer día. Esto hará que te vuelvan a llamar o bien para despedirte o bien para que sigas".

"Pffff...", solo me supo decir.

dissabte, 5 de febrer del 2011

io-io

Arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo.




Arriba.





Abajo.

dimarts, 1 de febrer del 2011

Estrenos desastrosos

Mathilde y Helena viven en un apartamento con dos chicas más en la Christ Church Cathedral. Hace poco que la última se mudó a la vivienda pero ya se ha convertido en el piso franco: viernes y sábado, ahí las tienes charlando y bebiendo cerveza.

Un día quedaron para cenar con Eleonora, Piero y mi amiga y una de las compañeras brasileñas del piso, Ana. El plan era cocinar un plato español y otro italiano y luego salir un poco de pubs. Pero Piero vivía en Rathmines y Mathilde y Helena en el centro. Y además, tenían que ir al piso de ellas porque la catalana se tenía que duchar. Así que al final consiguieron convencer al hombre para que fuese él quién se moviera de casa y de este modo, pudieran estrenar, como es debido, el piso de las chicas con una cena y una bonita fiesta después. Los roles ya habían quedado establecidos: Eleonora y mi amiga cocinaban, el resto comía. Se esperaba una noche interesante, claro que sí. Lástima que las cosas se fueran un poco del revés.

Nuestra compañera, como buena catalana y española se encargó de la tortilla de patatas que quemó en el centro dejando solo los bordes comestibles. De hecho, mientras la cocinaba una humareda inundó el comedor de Mathilde y Helena (pero por suerte no se enteraron). Y por si fuera poco, se le enganchó en la paella. Comieron tortilla quemada y rota. Pero es que además, Eleonora, que sólo debía hacer pasta con tomate y chili, también destrozó el plato. Hablando de un hombre que la trae de cabeza, sin querer, en vez de echar un poco de chili, le echó un MONTÓN. Caras rojas, sofocos, vidrios entelados, el agua que se terminó en segundos y mucha calor impregnaron a todos los comensales después del primer bocado. Eleonora y Piero, según ella, no se quejaron demasiado, incluso dijeron que estaba muy buena. "Y lo estaba, pero no veas como me picaba la lengua, nadie podía hablar", me contó.

"Bueno", le dije; "ya tenéis la excusa perfecta para repetir velada".

Malentendidos

"Iba yo andando hacia la gran cita con entusiasmo y aplomo. Después de casi un mes de enviar 30 currículos por semana, por fin tenía una entrevista de trabajo. Además, antes de salir de casa, Mary me había dicho que por la tarde tenía otra entrevista en el bar de delante de casa y me había llegado el libro del Plàcid García Planas (Jazz en el despacho de Hitler) que mi madre me había enviado y tanta ilusión me hacía. Así que era una buena mañana. Sol, poco frío para ser Dublín, todo indicaba que las cosas empezaban a ir hacia arriba y no hacía abajo como me había parecido los últimos cuatro meses.

Llegué al hotel de Blanchardstown temprano, como siempre, y dije en recepción quién era y que tenía una entrevista de trabajo. Así como muy importante quedé yo. En fin, que no había nadie aún y me senté a esperar a John no sé que más y a una señora de la cual tampoco sabía su nombre. Al cabo de un cuarto de hora, llamé a John y me dijo que preguntara por la reunión Living products (o eso entendí) y que fuera allí.

Subí al segundo piso y entré en la sala número 11. ¡Qué sorpresa más... desagradable! Había un señor delante de un proyector con un color de piel muy extraño, dos latinas y tres amas de casa tomando notas y una mesa al lado del proyector llena de productos cosméticos. Aloe Vera, leí. Me senté en la última silla y escuché. Por dios. Era como una secta. Estaban hablando de los milagros de las pastillas, los brebajes y cremas y otros de Aloe Vera: que si es brilliant para los resfríados, que si es wonderful para el colesterol, que si es lovely para la cara, que si el olor es amazing, ... por favor. La señora de la cual no sabía su nombre estaba allí y no dejaba de apuntar a todas las preguntas que las amas de casa hacían que el producto en cuestión "también era muy bueno para la piel". ¡De hecho todos lo eran! Al final creo que todo el mundo comprendió que, por encima de todo, todos los potingues esos eran ultramegahiperbuenos para la piel.

El señor de la piel, valga la redundancia, de un color entre naranja-rojo-moreno era horrendo. Nunca había visto a nadie tan malo haciendo una exposición. Incluso yo puedo ser mejor: me pongo roja, lo cual hace reír a la gente y por lo tanto la charla se hace amena. Ese señor dormía mientras hablaba y entre frase y frase pasaba una eternidad. Además iba comentando los beneficios de las pastillas o las bebidas que él tomaba. No miento si juro que almenos se toma 10 pastillas diarias de cada cosa. Después se levantó la mujer y se puso a detallar los avances de una crema. Infintos. Y todos increíblemente buenos, claro.

Resumiendo, sentía que estaba dentro de una secta, de unos fanáticos de productos Aloe Vera, de unos obsesos de las pastillas, la salud y, evidentemente, ¡la piel! ¡Además hacían preguntas! Pero ¿qué preguntas se puede hacer sobre una simple crema de la que sólo puedes decir: ¿pero porqué es tan cara esa cosita de nada?"?. Fue horrible, la palabra que me sale es flipados. Y obsesionados. Yo no digo que no te cuides, yo soy fan de cuidarse e incluso siempre recomiendo la crema hidratante Aloe Vera (en el Mercadona sólo vale un euro y va genial). Pero de allí, a necesitar 4 horas para ponerte todos los potingues que son buenos para tu piel, para rejuvenecerte, para curarte del colesterol, la grasa, los resfríados, las articulaciones... Incluso renegaron de andar por que claro, "la polución es perjudicial para vuestra piel". Si ahora nos ponemos en el lugar de la señora, me veríais a mi sentada, en la última silla, al rincón, con brazos y piernas cruzados, con la chaqueta en la falda y la bufanda aún puesta en plan "a la que pueda salgo corriendo" y con los hombros encogidos, asustada, con la cara a juego. Sólo pensaba en una cosa desde el momento en que me senté en la sala 11: "NECESITO salir de aquí".

Al final urdí un plan: le dije al hombre-pomelo que creía que me había confundido y que me había equivocado. Me preguntó: "¿quieres que salgamos y te explico un poco de qué va esto?". Ahí fue cuando vino un ángel a rescatarme. Salimos fuera y por poco me río delante suyo. Además de tener la piel extrañamente extraña (me juego lo que quieras a que era de tantos productos Aloe Vera) se llama Ken. No voy a añadir más comentarios.

Resumiendo, quedamos en que ya volvería a llamar para que alguien me contase de qué iba todo aquella secta religionaria con Aloe Vera por Dios. Evidentemente, no lo voy a hacer, conseguí la excusa perfecta para desaparecer del mapa.

Salí casi corriendo del hotel. ¡Me sentí tan estúpida! Tantas ilusiones en unas horas para que en un simple minuto todo se vaya al garete. Pero fue error mío: la próxima vez, me aseguraré de quién me llama".

He tenido que transcribir su anécdota. ¡Qué auténtica!

dissabte, 29 de gener del 2011

Con lentes y a lo loco

A las nueve y media estava en Four Courts esperando el autobús. Hacía media hora que se había levantado y sólo casi tres horas que había dormido. Un plato de pasta a las seis de la mañana requiere su tiempo, aunque de tanto esperar, te entre el sueño. Lo cual, no es de extrañar que en el momento de quitarse las lentes de contacto, la del ojo izquierdo no llegara a su caja. Así que nos la encontramos a las nueve y media de la mañana vestida de fiesta, con pelos a lo afro, con sólo dos horas y pico de sueño y una sola lente en el ojo derecho.

Es necesario advertir que no ve absolutamente nada sin gafas o lentillas en defecto de las primeras. Nada. Si extiende un brazo hacia delante, a partir de donde terminan sus dedos, la realidad se vuelve borrosa, desenfocada y se presenta solo con manchas de colores. Así es que para coger el bus y volver a casa, sufrió bastante. Solo tenía media capacidad para distinguir los números de los vehículos y si lo perdía, debería esperar más de 30 minutos para el siguiente. Y con 4 grados en la calle, la espera no se hace especialmente agradable. Así que ni corta ni perezosa, el primero que llegó a la misma parada le dijo: "¿Me puedes hacer un favor? No veo de lejos y he perdido una de mis lentillas y tengo que coger el bus pero no veo nada. ¿Me puedes avisar cuando llegue el 37?".

Me contó que el hombre se quedó un poco parado pero que fue majo y le iba diciendo todos los números de todos los buses que veía pasar. Aunque de poco le sirvió el hombre porque ella consiguió divisar a lo lejos el 37. Así que de golpe y porrazo le dijo:
"Oh, ahí está! Muchas gracias ya no hace falta solo necesitaba este!. Y me fui corriendo hacia el bus. Lo miré cuando pasamos por delante y el muchacho todavía hacía cara de no saber qué había pasado".

Si es que no tiene remedio.

dimecres, 26 de gener del 2011

Notas

Aún viviendo en otro país con otra familia, no puede dejar de equivocarse.

Se ve que el domingo pasado, cuando se levantó ya no había nadie en casa. Bajó a la cocina y encontró una nota de la pequeña Lucy: "Tienes el desayuno en el horno aunque los huevos te los tendrás que cocinar tú".
Me dijo que lo primero que le vino a la cabeza fue: "Oh, ¡qué mona! Además de dejarnos notas con los padres, ahora también con los niños". Así que se comió el desayuno: salsichas, tostadas, tomate y bacon. "¡Qué rico!".
Lástima que la nota no fuese para ella. Lucy la había escrito para su madre pero se olvidó de poner su nombre así que mi confiada amiga, pensó que iba dirigida a ella. La madre se rió cuando supo que se había quedado sin desayuno pero a ella se le revolvió el estómago.

"Es que todavía no sé de donde sacan que nunca desayuno...", se me disculpó.

dilluns, 9 d’agost del 2010

Recuerdos

De sus pensamientos:

"Antes, nunca...

... había estado en un país con tantas ondas, con tantos desniveles. Nunca antes había caminado por tantas subidas y bajadas en un mismo instante, ni los montículos o altiplanos se prolongaban hasta donde me alcanzaba la vista, adornados con tierra desértica y fértil.

... había pasado tanto calor bajo más de 35 grados de temperatura, con todos los poros de la piel mojados aunque sin sentir ahogo.

... había pisado un país tan lleno de historia, ni admirado fachadas de más de 800 años, vírgenes y erigidas sobre el tiempo.

... la fruta que había degustado era tan buena, fresca, natural y variada. La verdura deliciosa y de colores intensos aún no descubiertos.

... me había hartado de falafels, shawarma, pitas, hummus, mutabas ni me había enamorado del sesámo y de los dátiles en los dulces. No había antes visto tantos dulces, industriales y recién sacados del horno; gustosos, densos y aromáticos. Aún no sabía que una de mis perdiciones se podía superar en otro lugar.

... había saboreado tés tan calientes que dejan huella en los labios. Pero increíblemente buenos y apetecibles aún con tanto calor.

... me había sentido tan avergonzada de mi misma delante de una sociedad tan fuerte, tan persistente, tan luchadora, tan esperanzadora, tan digna. Gente con la cabeza bien alta, mirando siempre al mañana con tantos sueños dipositados en él.

... había compartido habitación, horas, camas, charlas, baños, cigarros, alcohol, preocupaciones, sueños, cansancios, anécdotas con otras 13 personas.

... había disfrutado tanto del mediterráneo bajo la luz de la luna una y otra vez, ni había flotado en un lago sin el mínimo esfuerzo. A pesar de que ambos tenían una temperatura superior a la exterior, bañarse en ellos te acercaba un poco más al paraíso.

... y de forma premeditada habia dormido en la arena, congelándome bajo un manto de estrellas que al desaparecer, derretían todo lo que dormitaba sobre la Tierra.

... había andado tanto ni había absorbido tanta información en cuestión de poco tiempo. Absolutamente rendida caía cada noche a la cama sumiéndome en un sueño irrompible. Ni siquiera con gritos de mis compañeras.

... me había peleado con taxistas para que me bajasen el precio del trayecto ni había escuchado tantas historias personales.

... había sentido un escalofrío recorrer mi cuerpo al ver una obra de teatro en un campo de refugiados que narraba como era la vida allí, como eran sus problemas y como en vez de lamentarse cada día, se dedicaban a crear equipos de futbol y a organizar ligas dentro del territorio. Una para las chicas, la otra para los chicos.

... había tenido ganas de llorar tantas veces cuando oía la desesperación escondida bajo un manto de cimiento.

... había sentido tanta rabia y furia contra tantas cosas en las que yo confiaba: Naciones Unidas, la Unión Europea, las organizaciones no gubernamentales...

... había perdido el habla al quedarme atónita con las palabras de otros profesionales, los cuales, solo sabían decir letras vacías de significado, vacías de sentido.

... había notado tanto la discriminación y la polarización entre dos sociedades hermanas y dentro de su propia casa.

... me había subido tanta adrenalina al cuerpo en una manifestación ni había tenido miedo delante de los soldados que nos esperaban. Tampoco me habían temblado las manos ante las autoridades militares, metralleta colgada al hombro, al pedirme el pasaporte.

... me había sentido observada, controlada, agobiada por tantos ojos del ejército ni temerosa de mis palabras, vigilando que salía de mi boca para no levantar ¿sospechas? Ni había tenido que enseñar tantas veces mi nacionalidad, incluso para entrar en una estación de autobuses.

... había visto una infraestructura tan horrible como el muro, destinado a separar y no a proteger como ellos dicen.

... me había sentido tan pequeña en el mundo ni tan impotente contra él. Por las crueldades que se perpetúan sin que reciban castigo, sin que reciban más atención que el sufrimiento de las familias.

... me había sentido tan claramente ¿racista? riéndome de una cultura, de unos vestidos, de unas tradiciones y una estética ridículas, con un discurso rídiculo. Con argumentos victimistas herederos del Holocausto mientras que ellos mismos, con sus acciones, lo ridiculizan.

... me había oído a mi misma defender el sentimiento de la venganza, de comprender la vuelta a las armas, de entender que una vez está todo perdido, todo el resto vale.

... había estado en un país en conflicto permanente desde hace años y que se agrava por momentos, agravio que apaga la luz del final del túnel sin que ni siquiera tú, que vienes de fuera, sin estar contaminada por la situación, puedas encontrar solución alguna. Una situación de la que solo llegas a interrogantes que plantean más interrogantes.

... había visto ni charlado con mis propios ojos con un gobierno que ayuda a su gente siendo corrupto, auyentando, de nuevo, cualquier intento de crear esperanza.

Antes, sí que sabia sobre el conflicto de Israel-Palestina pero nunca antes lo había vivido. Y cúanto cambió esa visión primeriza después de la primera semana. Qué ignorante me sentí al tocar con mis manos, una pequeña aproximación del sufrimiento humano. Y por ello, nunca antes se había reafirmado tanto el deber y el deseo de luchar por aquellos que requieren ayuda".

diumenge, 11 de juliol del 2010

El mañana

Después de participar en una manifestación cifrada en 1.100.000 de personas según la Guardia Urbana y 1.500.000 según los organizadores -Òmnium Cultural- en defensa del Estatut y de cenar y tomar una cerveza con una amiga con horas de conversación interminable, la llamo hoy.

"Que se vaya todo el mundo a la ***".

Qué rápido se pone de mal humor esta niña, oye.

divendres, 9 de juliol del 2010

¡A comer!

Nunca se imaginó que su estómago fuese de goma.
Ayer, después de trabajar, me contó que se fue a comer a Barcelona con una agradable compañía antes de ir a un "seminario" -del cual no habló muy bien, por decirlo finamente-. Después de dos horas de inagotable parloteo -según ella, insisto-, se quiso quedar también a cenar en la ciudad condal con su compañía.
Su madre siempre ha sido muy estricta con las horas de la comida y no le permite saltarse ninguna si ya no está a tiempo de avisar. Pero de todas maneras, a las 21:43, hora en que ya NO puede saltarse la cena, decidió probar suerte con tan mala pata que la llamó su madre diciéndole que era la última vez que le hacía tirar la comida. "Me sentí fatal, pero bueno. Me salí con la mía" me dijo. Si, claro. Patatas bravas, tortilla de patatas de tres pisos y pollo rebozado con salsa barbacoa suplantaron el plato del hogar.

Al llegar a casa, a las 00:45, vio en la cocina que sus platos aun seguían en la repisa. Un gran plato de judías con bacon y un hermoso pez -nunca se sabe sus nombres- resplandecían enmedio de la oscuridad. Y como tiene memoria de pez, valga la redundancia, empezó a pensar: "¿cómo habíamos quedado? ¿Tiraba la comida o me la guardaba?". Sin saber muy bien que era lo que había acordado tres horas antes, decidió volver a cenar. "Claro, como se puso como se puso, me sabía mal".

Y yo le pregunté: "pero, ¿pudiste comértelo?"

"Al principio sí, seguía con hambre. Pero a la mitad del primer plato ya no podía más".

"¿Y qué hiciste?"

"Seguir comiendo. ¿Qué se pensaba? ¿Qué no podría? ¡Ha! Me dolía el estómago pero yo me lo terminé todo. ¡Para que al día siguiente no se quejara! Eso sí, no sabía que me pudiera caber tanta comida...".

Su prima tiene razón. Lo único en lo que se parecen, es por cazurras.

Tozuda como ella sola.