diumenge, 21 de març del 2010

La misma piedra.

¿Cómo hacer frente a aquello que quieres pero ves tan lejos? ¿Cómo conseguir lo que sueñas cuando no tienes medios para obtenerlo?

El ser humano es tozudo. Como decía una viñeta del Mago Asín en el Magazine de la Vanguardia del 21 de marzo, "el hombre es el único animal capaz de tropezar las veces que haga falta con el mismo ladrillo".
Esto es lo que me sucede a mí todos los días, todas las noches.

Sabes que para conseguir un sueño debes luchar, tener fuerza y suerte. Y que la suerte no llega, tienes que ir a bucarla moviéndote, relacionándote, conociendo, experimentando. Y eso intento. Te mueves, te relacionas, conoces, experimentas, vives. Para que algún día llegue esa suerte. Te esfuerzas. Te matas a pensar todos los puñeteros días en temas de interés ciudadano para redactarlos y venderlos en algún periódico que le interese tu tema. Te matas a darle vueltas a las cosas, una y otra vez, buscando esa puerta que debe abrirte todas las demás. Escribes y escribes "porque no lo sabes hacer". Y escribes y escribes, lo pasas a alguien, te dicen que sí y luego te dan una patada en todo tu grandioso culo. Y te caes. De rodillas, de cara, con los codos, con todo tu cuerpo. Pero te vuelves a levantar. "Tengo que buscar más, tengo que escribir más, tengo que salir más" te dices. Y lo haces. Pero ves que no puedes. Que lo intentas dos y tres veces y te vuelves a caer. Porque no sabes renunciar a aquello que quieres aun sabiendo que no estás capacitada. Quieres ponerte a escribir pero la mera idea de leer después tus estúpidas palabras, tus absurdas construcciones te hace desaparecer el apetito. ¿Y porque? Si no sirvo.

Lo mismo pasa con las relaciones humanas y contigo misma. Te machacas pensando y reafirmándote en la idea que nunca más te vas a dejar engañar. Que te mantendrás fuerte. Que impondrás tus reglas, que te harás respetar. Que te vas a cuidar más para estar presente para él, que vas a ser la mejor pareja, tan maravillosa, que va a caer rendido a tus pies. ¿Y qué sucede? Que descubres que has vuelto a tropezar con la misma piedra. Porque te sigue mintiendo. Porque la relación se va a pique y lo sabes, pero quieres que se mantenga a flote. Como tu trabajo. Se desvanece cada día más en el pasado para desaparecer de tu futuro. Pero te niegas a verlo, y lo mantienes agarrado para vislumbrar una pequña luz en el mañana para que te dé fuerzas para seguir intendándolo. Para seguir luchando. Vas a hablar con él. Pero sabes que en cuanto lo hagas todo se irá a la mierda. Y no quieres.

Y vuelves a tropezar con los mismos puñeteros errores de siempre. El de creer que lo vas a conseguir cuando tus cartas solo dicen "no". No, no y no.

No tengo prisa. Sólo quiero tener una pequeña certeza de que algún día lo conseguiré. Solo quiero saber que la bronca solo es temporal, que se arreglará, que de verdad te quiere. Solo quiero saber que soy como mis compañeras. Apta para trabajar en lo que me gusta. Apta para conseguir, por fin, lo que quiero.

Pero la realidad no es esa. Te dice que lo abandones, que lo dejes de lado. Te está mintiendo aquí y ahora y, ¿piensas que todo se arreglará? No te aceptan los trabajos ¿y piensas que ha mejorado tu escritura?

Tropiezos. Tropiezos. Y tropiezos.

dijous, 24 de desembre del 2009

Entrar a Dublín



























Una de las cosas más típicas de Dublín son sus numerosas puertas de diferentes colores que adornan las grises calles los días de lluvia. Antes, eran símbolo de diferencia social. Las puertas de colores indicaban que dentro vivía una familia benestante, por esta razón, encontraréis zonas en las que este tipo de puertas son mayoría respecto a otros puntos de la ciudad (por ejemplo, hay la visión irlandesa que el sud es la zona rica mientras que el norte es la zona de las clases medias y trabajadores).

Aunque hay miles de ellas, de centenares de colores y formas, os dejo sólo con pocas para que os entre el apetito.

-¡Toc, toc!
-Entra, pasa. Vas a ver Dublín.

Howth: corazón de pescadores

Howth es un pintoresco pueblecito costero enclavado en una pequeña península en un extremo de la misma bahía de Dublín y, por tanto, se puede llegar a él cogiendo el tren desde la misma capital irlandesa.

Es un lugar perfecto donde poder ver, aunque sea un poquito, lo que todos tenemos en mente cuando pensamos en Irlanda: praderas verde esmeralda que se asoman al mar en abruptos acantilados. Su puerto pesquero es el sitio perfecto para degustar algo de pescado o marisco fresco o, incluso, sentarse al borde del mirdor, con los pies colgando al mar, a comer el ya tradicional fish and chips. También se puede dar un paseo por los espigones contemplando los bacos del puerto o hacer una bonita vista al faro.

Este camino hacia el faro está perfectamente señalizado y, aunque hay que tener cuidado (el peligro de darse un chapuzón a cualquier descuido es permanente en este pequeño pueblo) se disfrut de unas fabulosas vistas al mar desde lo alto de los acantilados, su furia batiente contra las rocas o los pescadores aprovechando su calma esporádica.

Además, se dice que cuando llueve, salen las focas a comer. Y aunque se habla de ellas en plural, puede ser que sólo veáis a una, la cual, nos encontramos y hacía gala de sus monerías para conseguir comida. Es muy mona y ver a estos animales en su hábitat "natural" hace que disfrutes aún más de toda la naturalidad que desprende la verde isla Esmeralda. He de decir, en favor de la foca, que está un poco gordita, porque como he dicho antes, se pasea por el muelle para conseguir comida (de lo cual deducí que ya se lo tiene aprendido y creo que sabe que es mejor quedarse cerca que aventurarase mar adentro).

Howth es una postal única e inolvidable, de modo que antes de coger el tren y pararse en cualquier pueblecito, paraos por Howth porque merece mucho la pena antes que otros, quizá.














































Fuente: Excursiones- Howth, Viajar a Dublín (www.viajaradublin.com)